Pastel Ligur para Pascua
Primero, preparé la masa para las hojas de la siguiente manera: en un tazón grande, mezclé cuidadosamente la harina con el agua en la que primero disolví la sal y luego añadí el aceite. Esta combinación proporcionará una masa elástica y fácil de manejar. Después de que los ingredientes se unieron, transferí la masa a una superficie de trabajo bien enharinada y la amasé enérgicamente durante unos 10 minutos hasta que se volvió homogénea y suave. La dividí en cuatro partes: dos más grandes, de aproximadamente 300 g cada una, y dos más pequeñas, de aproximadamente 170 g cada una. Cubrí estas partes con un paño de cocina y las dejé en un lugar fresco para que descansaran durante aproximadamente una hora. Este paso es esencial para permitir que el gluten se relaje, facilitando el estiramiento de las hojas.
Mientras tanto, escaldé las acelgas y las espinacas en agua hirviendo con sal. Después de unos 5 minutos, cuando se ablandaron, las retiré cuidadosamente a un tazón con agua fría con hielo para preservar el color vibrante de las hojas. Es importante asegurarse de que el agua en la que hervimos las acelgas esté hirviendo bien en el momento en que las introducimos para evitar la oxidación. Después de que se enfriaron, escurrí las acelgas y las picé finamente. En una sartén, calenté un poco de aceite y añadí un diente de ajo para darle un sabor extra. Sofreí las acelgas hasta que perdieron la humedad excesiva. Les puse sal, las dejé enfriar un poco y añadí 20 g de parmesano rallado para un sabor especial.
Mientras las acelgas se enfriaban, mezclé la ricotta con un huevo, un poco de sal, pimienta recién molida y una pizca de nuez moscada, añadiendo el resto de parmesano rallado. Esta mezcla añadirá una capa cremosa y sabrosa al relleno de la tarta. Extendí una hoja delgada de uno de los trozos más grandes de masa. Engrasé un molde redondo de 30 cm de diámetro con aceite, luego coloqué la primera hoja en el molde, dejando que los bordes sobresalieran un poco. No te preocupes, ya que serán útiles al final. Unté la hoja con aceite y coloqué una segunda hoja, más grande, encima.
Extendí la mezcla de acelgas sobre esta hoja, seguida de la crema de ricotta. Con la parte de atrás de una cuchara, hice cuatro nidos en la crema de ricotta, en los que rompí cuidadosamente los cuatro huevos enteros. Luego, extendí otra hoja de los trozos pequeños y la coloqué encima de la tarta, untándola bien con aceite. Sobre esta, cubrí con la última hoja, que enrollé todos los bordes hacia adentro, asegurándome de que la tarta esté bien sellada. La unté nuevamente con aceite por encima y la perforé ligeramente en la base del borde formado para permitir que el vapor escape durante la cocción.
Coloqué la tarta en el horno precalentado, configurado en ventilación, durante unos 40 minutos a 160 grados. El delicioso olor que se esparcirá por la cocina hará que la espera sea aún más placentera. Después de que haya pasado el tiempo, sacaré la tarta del horno, dejándola enfriar un poco antes de cortarla en porciones. Esta receta promete una combinación sabrosa de sabores y texturas, perfecta para una comida en familia o para impresionar a los invitados. ¡Buen provecho!
Ingredientes: Para las hojas: - 500 g de harina - 250 g de agua - 3 g de sal - 30 g de aceite Para el relleno: - 1 kg de hojas de remolacha (acelgas) o espinacas - 1 diente de ajo o 1/2 cebolla (yo prefiero sin cebolla) - mejorana fresca - 350 g de ortigas - 50 g de queso parmesano rallado - sal - pimienta - nuez moscada - 5 huevos
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