Scones
Los scones son una receta de repostería británica fácil de hacer, perfecta tanto para un desayuno salado como para un delicioso refrigerio en la hora del té. Estos muffins esponjosos y aromáticos son ideales para servir con mermeladas de frutas o una mezcla de frutas frescas. Los orígenes de los scones a menudo se asocian con la tradición del té de la tarde, pero se pueden disfrutar en cualquier momento del día.
Para preparar scones, comienza por reunir los ingredientes necesarios. Necesitarás 250 g de harina blanca, 60 g de mantequilla fría cortada en cubos, 30 g de azúcar, 10 g de polvo de hornear, una pizca de sal, 1 huevo, 150 ml de leche y un poco de azúcar para espolvorear por encima. Asegúrate de que todos los ingredientes estén a temperatura ambiente, excepto la mantequilla, que debe estar fría para lograr una textura esponjosa.
En un tazón grande, tamiza la harina junto con el polvo de hornear y la sal. Agrega la mantequilla y, usando los dedos, frota la mezcla hasta que tenga una consistencia similar a la arena fina. Este proceso es esencial para incorporar aire a la masa, lo que ayudará a que los scones suban hermosamente en el horno.
Agrega el azúcar y mezcla bien. En otro recipiente, bate el huevo con la leche y vierte la mezcla líquida sobre los ingredientes secos. Mezcla suavemente con una espátula o cuchara de madera hasta que la masa comience a unirse. Evita mezclar demasiado, ya que esto puede hacer que los scones se vuelvan duros.
Transfiere la masa a una superficie de trabajo ligeramente enharinada y forma una bola. Extiéndela con un rodillo hasta que alcance un grosor de aproximadamente 2 cm. Usa un cortador o un vaso para cortar formas redondas de la masa. Coloca los scones en una bandeja para hornear forrada con papel pergamino, dejando un poco de espacio entre ellos.
Precalienta el horno a 220°C. Antes de colocarlos en el horno, unta la parte superior de los scones con un poco de leche y espolvorea azúcar para un extra de dulzura. Hornéalos durante 12-15 minutos o hasta que se tornen dorados y suban hermosamente. Retíralos del horno y déjalos enfriar un poco en una rejilla.
Los scones son deliciosos servidos calientes, acompañados de mermelada de frambuesa o fresa, pero también con una cucharada de crema o mantequilla blanda. Son versátiles, y puedes experimentar con diversas adiciones como frutas secas, chocolate o nueces. ¡Intenta hacerlos y disfruta de su aroma y sabor inconfundibles!
Precalienta el horno a 250 grados C. En un tazón, mezcla la harina, la sal y el polvo de hornear. Frota la margarina con las yemas de los dedos. Agrega la leche o el yogur y amasa la masa. Divide la masa en 4 partes. Extiende cada pieza sobre una superficie enharinada en forma de círculo de aproximadamente 15 cm de diámetro. Coloca las piezas de masa en una bandeja para hornear engrasada o en una bandeja forrada con papel pergamino. Haz cortes suaves en cada pieza de masa en 4 partes (para que sea más fácil separarlas después de hornear). Hornea en el centro del horno durante unos 10 minutos. Los scones se sirven calientes, cada uno untado con tu mermelada favorita o con frutas frescas. Son un bocadillo ideal para el té de la tarde.
Ingredientes: 240g de harina, 1 cucharadita de sal, 4 cucharaditas de polvo de hornear, 100g de margarina o mantequilla, 125ml de leche o yogur
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